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viernes, 18 de marzo de 2011
algunas imagenes
una imagen de uno de los montones de cocodrilo que andan por ahi...a propósito, ¿alguien sabe por qué los cocodrilos no se echan a las tortugas que estan ahí en el estanque con ellos?
Una serpiente endémica del estado de Chiapas. El color verde normalmente es utilizado por los animales como camuflaje, sin embargo, aquí la serpiente, que es un depredador lo utiliza como seña de advertencia (el color verde es utilizado por muchos animales para advertir que son venenosos)
una pareja de guacamayas. animales en peligro de extinción debido a su brillante plumaje y sus colores vivos. Hace algunos años oí que su precio en el norte del país llegaba a los 16,000 pesos. Y muchas no soportaban la larga travesía.
reserva el zapotal
El Area Natural Protegida El Zapotal, se encuentra dentro de los límites de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez a escasos 3 km al sur-oriente de la zona centro, tomando un desvío del periférico sur.El Zapotal se decretó el 27 de agosto de 1980, por el gobierno del Estado de Chiapas y contaba originalmente con una extensión de 100 hectáreas. en 1990 se decretaron 92 hectáreas mas como zona de amortiguamiento. En el 2000 el IHNE adquirió 10 más.
El Zapotal es un bosque tropical seco, importante pulmón para Tuxtla Gutiérrez. Este ecosistema (Selva Baja Caducifolia) es el más amenazado a nivel nacional.
SERVICIOS AMBIENTALES DE EL ZAPOTAL
Cuando una ANP como El Zapotal está insertada en un contexto urbano-suburbano como es el caso de El Zapotal y Tuxla Gtz. Adquiere una nueva dimensión ya que provee de forma directa lo que se conoce como Servicios Ambientales-
•Captura el agua de lluvia y nos la devuelve en forma de rios y afluentes que alimentan los servicios de agua potable de la ciudad
•Contribuye a la captura de bióxido de carbono de los vehiculos y la industria
•Contribuye a regular la temperatura
Un cuento para reflexionar
El lugar donde se desarrolla esta historia es una de tantas heridas por donde Chiapas exhibe su caliza; donde manos irresponsables han quitado la exuberante cabellera que formaba el bosque, dejando mondo el cráneo de la roca; donde se ha levantado una raquítica cosecha de maíz a cambio de quemar una fortuna; donde la hecatombe principió cuando un bípedo, insignificante ante la grandiosidad de la Naturaleza pero creyéndose su amo, llegó armado de un hacha y gran ambición, tapados los ojos por la ignorancia, sellados los oídos por el tintinear del dinero.
Aguas limpias, saltando sobre las piedras u formando cristalinas pozas, corren por el fondo de un pequeño barranco, arrullando con su murmullo a los turipaches que esperan el sol sobre una roca, verde por tanto musgo que la cubre y húmeda por el salpicar del agua.. La humedad se hace visible en una tenue niebla que lentamente escurre entre la maraña y flotando, flotando, llega hasta las copas de los gigantes milenarios, cuyo follaje compite con el de las enredaderas que trepando por los carcomidos troncos tejen mallas de caprichosas vueltas, por donde escapan ágilmente los monos al ser espantados por la sombra del águila arpía. Las campánulas azules, blancas y rosadas abren su colorido al verde oscuro del follaje y permitiendo la entrada a las primeras abejas silvestres que afanosas buscan el perfumado polen; de vez en cuando aparece un abejorro de abigarrada pelambre.
Por el cayado de un helecho arbóreo trepa muy lentamente una pequeña serpiente de moteado color y siniestros ojillos, es la muerte que acecha la distracción de algún incauto pajarillo y es observada con temor por un lagarto verde que reposa sobre una ancha hoja. En la húmeda penumbra empiezan a revolotear las primeras mariposas morfos de alas azul metálico y en un recodo próximo florece un arbusto que congrega numerosas chupaflores cuyo plumaje lanza variados destellos de joyería polícroma; mientras unas reinitas de celeste colorido esperan impacientes a que las belicosas avecillas les permitan participar del nectarino banquete.
Entre un oscuro bejucal se dispone a dormir su día una pareja de tecolotes de albos cuernecillos y rojizas caras, sus ojos entornados observan discretamente a un grupo de cucayos que pegados al carcomido tronco también pasarán el día, apagados sus minúsculos faros de fría luminosidad. En la cima de la loma, toda cubierta de bosques, se escuchan los rasposos gritos del tucán que desde la punta de un gran árbol domina el horizonte, oteando siempre de floresta en busca de la frutilla madura. Abajo del mismo gigante centenario y oculto entre la maleza que cubre el húmedo suelo, un pequeño ciervo rojizo lame su pelaje, mientras, abrazada a una retorcida liana, una ardilla oscura gimotea su alarma ante la sombra de un gavilán que pasa.
En un arbolillo de mediana altura y racimos de maduras frutillas, danzan su cortejo amoroso varios turquitos de plumaje negro y rojiza cabeza, de patas amarillas y ojos blancos. Las hembras de verdoso ropaje observan, ya interesadas, ya indiferentes, los complicados saltos y volteretas de los rechonchos cuerpecillos de los machos ocupados en tan ritual competencia. Van y vienen, saltan y chillan, revolotean a veces, todos siguiendo la misma ruta de ramitas cuidadosamente despojadas de follaje. Cuando un grupo se cansa, toma su turno como espectador y a su vez contempla a los danzantes y mira con gozo el verde panorama de verdes laderas, todo apretadamente cubierto de espesa vegetación. De vez en cuando la asamblea se disuelve y durante largos minutos los pajarillos devoran los glotones las jugosas frutillas, luego retornan a la danza amorosa. Son, ni más ni menos que una parte del conjunto de la Naturaleza.
Más una mañana, igual como la descrita, se escucha un sonido nuevo. Un ruido nunca antes escuchado y que paraliza momentáneamente a las criaturas del bosque. Es un sonido sordo, acompasado, un “tac” ominoso. Es la barbarie que llega disfrazada de progreso, con pretexto de necesidad. Es el desierto que en hombros de los bípedos humanos toca a las puertas del bosque.
Era un sonido raro para la floresta, mas, ajenos al funesto presagio, los animalillos pretenden acostumbrarse hasta que un estruendo los sobrecoge de nuevo. El primer gigante que, imposibilitado para escapar, sintió con terror cómo le cortaban sus ataduras a la madre tierra, se viene al suelo, inútilmente arañando con sus ramas a los vecinos en un desesperado afán por sostenerse. Así gimiendo y aplastando hace retumbar el suelo con su peso, asombrado de aquellos minúsculos seres que le han cortado su tronco; aquellos seres que hace apenas unos días alimentó con sus frutos, que hace unos días protegió con su sombra los ardientes rayos del sol.
La destrucción avanza. Primero es una cinta que taladra el bosque y ya los habitantes de la floresta se han acostumbrado al paso de humanos por el camino, solos o en grupos, caminando o cabalgando sobre sus monstruosos aparatos. Creen que el daño a su intimidad fue sólo esa cinta talada y el paso de esos peligrosos seres; esos seres que se detienen de cuando en cuando para dar muerte innecesaria a los incautos animalillos que inconscientemente se atreven a salir a la orilla del camino. Pero muy pronto salen de su error, esa cinta desnuda es sólo el prólogo, el epílogo trágico viene unos pasos atrás.
Los seres arrogantes, tan insulsos que hasta sus creencias dicen que todo en la Naturaleza fue hecho para servirlos, ya no tan sólo pasan de largo. En la lejanía aún se escuchan los gemidos de los gigantes sacrificados para abrir esas brechas, que malamente se transforma en heraldo de la destrucción, cuando se escuchan nuevamente los sonidos del hacha que muerde ya la vera del camino y vorazmente avanza ladera arriba. ¡Habitantes del bosque escuchad! Es la marabunta humana que llega arrastrando tras sí la desolación. Es la desolación que la Naturaleza perfeccionó para suicidarse. Son los ilusos que se creyeron reyes de la creación y destrozando, corren vertiginosamente hacia su propia destrucción.
Aguas limpias, saltando sobre las piedras u formando cristalinas pozas, corren por el fondo de un pequeño barranco, arrullando con su murmullo a los turipaches que esperan el sol sobre una roca, verde por tanto musgo que la cubre y húmeda por el salpicar del agua.. La humedad se hace visible en una tenue niebla que lentamente escurre entre la maraña y flotando, flotando, llega hasta las copas de los gigantes milenarios, cuyo follaje compite con el de las enredaderas que trepando por los carcomidos troncos tejen mallas de caprichosas vueltas, por donde escapan ágilmente los monos al ser espantados por la sombra del águila arpía. Las campánulas azules, blancas y rosadas abren su colorido al verde oscuro del follaje y permitiendo la entrada a las primeras abejas silvestres que afanosas buscan el perfumado polen; de vez en cuando aparece un abejorro de abigarrada pelambre.
Por el cayado de un helecho arbóreo trepa muy lentamente una pequeña serpiente de moteado color y siniestros ojillos, es la muerte que acecha la distracción de algún incauto pajarillo y es observada con temor por un lagarto verde que reposa sobre una ancha hoja. En la húmeda penumbra empiezan a revolotear las primeras mariposas morfos de alas azul metálico y en un recodo próximo florece un arbusto que congrega numerosas chupaflores cuyo plumaje lanza variados destellos de joyería polícroma; mientras unas reinitas de celeste colorido esperan impacientes a que las belicosas avecillas les permitan participar del nectarino banquete.
Entre un oscuro bejucal se dispone a dormir su día una pareja de tecolotes de albos cuernecillos y rojizas caras, sus ojos entornados observan discretamente a un grupo de cucayos que pegados al carcomido tronco también pasarán el día, apagados sus minúsculos faros de fría luminosidad. En la cima de la loma, toda cubierta de bosques, se escuchan los rasposos gritos del tucán que desde la punta de un gran árbol domina el horizonte, oteando siempre de floresta en busca de la frutilla madura. Abajo del mismo gigante centenario y oculto entre la maleza que cubre el húmedo suelo, un pequeño ciervo rojizo lame su pelaje, mientras, abrazada a una retorcida liana, una ardilla oscura gimotea su alarma ante la sombra de un gavilán que pasa.
En un arbolillo de mediana altura y racimos de maduras frutillas, danzan su cortejo amoroso varios turquitos de plumaje negro y rojiza cabeza, de patas amarillas y ojos blancos. Las hembras de verdoso ropaje observan, ya interesadas, ya indiferentes, los complicados saltos y volteretas de los rechonchos cuerpecillos de los machos ocupados en tan ritual competencia. Van y vienen, saltan y chillan, revolotean a veces, todos siguiendo la misma ruta de ramitas cuidadosamente despojadas de follaje. Cuando un grupo se cansa, toma su turno como espectador y a su vez contempla a los danzantes y mira con gozo el verde panorama de verdes laderas, todo apretadamente cubierto de espesa vegetación. De vez en cuando la asamblea se disuelve y durante largos minutos los pajarillos devoran los glotones las jugosas frutillas, luego retornan a la danza amorosa. Son, ni más ni menos que una parte del conjunto de la Naturaleza.
Más una mañana, igual como la descrita, se escucha un sonido nuevo. Un ruido nunca antes escuchado y que paraliza momentáneamente a las criaturas del bosque. Es un sonido sordo, acompasado, un “tac” ominoso. Es la barbarie que llega disfrazada de progreso, con pretexto de necesidad. Es el desierto que en hombros de los bípedos humanos toca a las puertas del bosque.
Era un sonido raro para la floresta, mas, ajenos al funesto presagio, los animalillos pretenden acostumbrarse hasta que un estruendo los sobrecoge de nuevo. El primer gigante que, imposibilitado para escapar, sintió con terror cómo le cortaban sus ataduras a la madre tierra, se viene al suelo, inútilmente arañando con sus ramas a los vecinos en un desesperado afán por sostenerse. Así gimiendo y aplastando hace retumbar el suelo con su peso, asombrado de aquellos minúsculos seres que le han cortado su tronco; aquellos seres que hace apenas unos días alimentó con sus frutos, que hace unos días protegió con su sombra los ardientes rayos del sol.
La destrucción avanza. Primero es una cinta que taladra el bosque y ya los habitantes de la floresta se han acostumbrado al paso de humanos por el camino, solos o en grupos, caminando o cabalgando sobre sus monstruosos aparatos. Creen que el daño a su intimidad fue sólo esa cinta talada y el paso de esos peligrosos seres; esos seres que se detienen de cuando en cuando para dar muerte innecesaria a los incautos animalillos que inconscientemente se atreven a salir a la orilla del camino. Pero muy pronto salen de su error, esa cinta desnuda es sólo el prólogo, el epílogo trágico viene unos pasos atrás.
Los seres arrogantes, tan insulsos que hasta sus creencias dicen que todo en la Naturaleza fue hecho para servirlos, ya no tan sólo pasan de largo. En la lejanía aún se escuchan los gemidos de los gigantes sacrificados para abrir esas brechas, que malamente se transforma en heraldo de la destrucción, cuando se escuchan nuevamente los sonidos del hacha que muerde ya la vera del camino y vorazmente avanza ladera arriba. ¡Habitantes del bosque escuchad! Es la marabunta humana que llega arrastrando tras sí la desolación. Es la desolación que la Naturaleza perfeccionó para suicidarse. Son los ilusos que se creyeron reyes de la creación y destrozando, corren vertiginosamente hacia su propia destrucción.
experiencias en la reserva
Bueno pues esperamos que a todos aquellos que nos visitan y aquellos que en un futuro entren dediquen un breve espacio a leer nustros comentarios y subimos algunos videos pa que deleiten sus ojos con las bellezas que tenemos aqui en el bellisimo estado de Chiapas
experiencias
nos gustaria comentarles algunas experiencias que hemos tenido en los espacios de la reserva, como por ejemplo cuando los integrantes del programa de disney channel llegaron a grabar un programa ahi y pues tuvieron toda la atención de la gente del zoomat, mientras que a nosotros nos hicieron esperar un tiempo bastante largo (2 horas). y pa colmo,estuvimos un ratoote esperando para que el jaguar mostrara su oscuro rostro y pues no, hasta que llegaron los de disney channel se puso el jaguar con todo y pose y pues claro, si se quería hacer famoso....
miércoles, 16 de marzo de 2011
las bellezas del zapotal
Recorrer las brechas y caminos de El Zapotal puede resultar
una experiencia contradictoria. Al amanecer y
al ocaso, nace y vibra una ubicua maraña sonora,
tejida por más de 200 especies de aves; pero en las
horas intermedias, se alternan largos momentos
de silencio, calor húmedo y aparente vacío, con
súbitos brotes de actividad. Algún venado o una
piara de jabalíes, tomados por sorpresa, huyen
rompiendo ruidosamente la calma. Quizás un
pavo ocelado o un hocofaisán corra un tramo
corto y emprenda el vuelo con su gran musculatura
pectoral.
Pieza clave de esta selva, y de
sus ecosistemas con los que ha evolucionado por
más de 800 mil años, el jaguar (Panthera onca) es
el premio mayor de los avistamientos
una experiencia contradictoria. Al amanecer y
al ocaso, nace y vibra una ubicua maraña sonora,
tejida por más de 200 especies de aves; pero en las
horas intermedias, se alternan largos momentos
de silencio, calor húmedo y aparente vacío, con
súbitos brotes de actividad. Algún venado o una
piara de jabalíes, tomados por sorpresa, huyen
rompiendo ruidosamente la calma. Quizás un
pavo ocelado o un hocofaisán corra un tramo
corto y emprenda el vuelo con su gran musculatura
pectoral.
Pieza clave de esta selva, y de
sus ecosistemas con los que ha evolucionado por
más de 800 mil años, el jaguar (Panthera onca) es
el premio mayor de los avistamientos
miércoles, 9 de marzo de 2011
Actividades lúdicas
esperamos que muy pronto se promuevan más actividades de este tipo en el zooMAT ya que ayudan a la generacion que está creciendo actualmente a conocer y por ende, a comprender acerca de la importancia de la biodiversidad de nuestro estado. entre las actividades que ofr3ce se encuentran las visitas, los paseos nocturnos, la venta de recuerdos, y algun que otro curso que se publica de acuerdo a la temporada.
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